Saludo del Párroco

Estimado/a amigo/a:

 

¡Sed bienvenidos a una de las entradas virtuales de nuestra comunidad!
Cuando hablamos de parroquia, podemos referirnos a un territorio determinado, como una especie de célula o unidad básica en la que se divide la Iglesia en un territorio local. Así, las personas que viven en determinadas calles pertenecen a una parroquia o a otra, en función de la división realizada.
Cuando hablamos de parroquia, podemos entender el edificio o el conjunto de espacios donde se realizan las catequesis y las celebraciones religiosas.
Pero es posible que la definición más importante de parroquia sea «la comunidad de comunidades». Es decir, la organización de un grupo de personas que permite que cada cristiano/a, en un lugar concreto y determinado, pueda tener la experiencia de vivir el discipulado de Jesús de Nazaret en comunidad y que lo pueda vivir en comunión con otros grupos de la misma parroquia o con otras comunidades (Iglesia diocesana).
Esta parroquia de María Auxiliadora y San Isidro ha sido confiada por la Iglesia a los salesianos y esto le confiere unas características peculiares: la opción preferencial por la juventud, las clases populares y la atención a los enfermos. Además, tenemos la suerte de contar con dos lugares para desarrollar nuestras actividades: el templo de María Auxiliadora, que forma parte de la obra salesiana en Algeciras; y por otro lado, la capilla de San Isidro, en el corazón del barrio algecireño que lleva su mismo nombre.
El párroco y el resto de curas que atienden una parroquia son importantes para la vida de la comunidad, pero son personas de paso; ahora hay un párroco, dentro de un tiempo habrá otro. Las personas que pertenecen a la comunidad no solo son destinatarias de la acción pastoral de la parroquia, sino que son protagonistas, cada cual desde su rol y compromiso adquirido. Pero es muy importante que todos los miembros de nuestra parroquia seamos conscientes que somos responsables para lograr que aquí, en el lugar donde vivimos nuestra fe, podamos desarrollar las cuatro dimensiones de la comunidad cristiana:
1. La fraternidad
2. El servicio y la caridad
3. La dimensión litúrgica y las celebraciones
4. La evangelización, el anuncio y la catequesis
Es mi deseo que cualquier persona, con el apoyo y la colaboración de todos, pueda encontrar las condiciones adecuadas para lo más importante: poder encontrarse con el Señor entre hermanos.
¡Bienvenido, bienvenida; aquí está tu casa!